miércoles, 22 de enero de 2014

GONZÁLEZ Arturo (1916-2010)


El curador de Teresa


Curador y encuadernador de libros, nacido en Cumaná. Desde muy joven se trasladó a Caracas donde estudió el bachillerato por los lados de San Agustín y Candelaria. De la ciudad capital se trasladó a Estado Unidos, Europa y otros países latinoamericanos.

De su itinerario de viajero tanto por el país del norte como por el viejo continente le quedó la experiencia del oficio aprendido de conservador de obras graficas y de papel, además de la encuadernación y grabados de libros, lo que podría en práctica por casi un década en sus labores en el Museo de Bellas Artes de Caracas, como especialista en la Restauración de Libros, Manuscritos y Obras Gráficas. Entonces dirigía el Museo Marcos Miliani.

Llamado cariñosamente el “Chamo” o “Chamito”, mote le viene de estos días. Con esa palabra saludaba y que según nos relató una vez, para él tenía algo de afecto, de gracia. Recordaba habérsela escuchado muchas veces a los portorriqueños y cubanos que vivían en Nueva York. Como el “Chamo Arturo”, o simplemente el “Chamito” fue conocido entre sus compañeros del Teatro y así se le recuerda ahora que no está entre los mortales.

Del Museo de Bellas Artes vino el llamado hecho por el director general del Teatro Teresa Carreño Elías Pérez Borjas para que se ocupara de los documentos, objetos y recuerdos de Teresa Carreño que había sido otorgados en comodato al Teatro con la finalidad de que cristalizará un sueño que rondaba en algunas mentes venezolanas desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, de crear un museo con los objetos dejados por Teresa en su visita a finales del siglo XIX y lo que llegaron de Nueva York a mediados de siglo pasado. En relación a esto, Arturo le declaró años más tarde a la periodista Brenda Berrocal: “Siempre me llamó la atención su vida y su obra. No pensé dos veces cuando me ofrecieron este puesto”.

A sus noventa y tres años, y aunque fue jubilado de la institución, siguió trabajando día a día porque los venezolanos y extranjeros que visitaban el Teresa Carreño pudieran saber algo más de la primera venezolana universal. Esa labor le fue reconocida en diversas oportunidades por la gente del Teresa Carreño, como lo demuestra su nombramiento como miembro honorario de la Fundación en 2006  o el reconocimiento otorgado en 2007 por el Sindicato de los Trabajadores de la Fundación en nombre de los trabajadores, por su “talento, constancia y ejemplo” en el Día Internacional del Trabajador.


Su acercamiento al personaje de Teresa Carreño se remonta a 1938, cuando asistió a la ceremonia con motivo de la llegada a Venezuela de las cenizas de la artista, traídas de Nueva York. Relataba en muchas ocasiones: “ese día fue mucha gente y vio el espectáculo de cuando sacaron el ánfora preciosa (…) y en la noche hubo un acto en el Teatro Municipal que yo fui… Tengo el discurso que dio… Juan Bautista Plaza”. No se imagina entonces que cuarenta años más tarde comenzaría a ser parte de la memoria que se tendría sobre la artista.

Tanto en sus primeros años en Venezuela, su estadía en el exterior como en sus más de dos décadas en la Sala Permanente Teresa Carreño conoció a distinguidas personalidades del mundo cultural, artístico y político del momento. En este aspecto se destacan Carlos Gardel, Alfredo Sadel, Nicolás Veloz, Jovito Villalba, Rómulo Betancourt, Juan Bautista Plaza, Pedro Antonio Ríos Reyna, Gabriela Montero, Judith Jaimes, María Luisa Escobar y Ana Julia Rojas.

Arturo González fue un personaje que ha vivió en dos siglos. En la Venezuela rural de los años veinte y treinta, pero igualmente durante la modernidad venezolana presente en las últimas décadas del siglo XX y la primera del siguiente, con sus ventajas y problemas. En ese tiempo su vida la dedicó a contribuir a mantener vivo el recuerdo de Teresa  Carreño desde la Sala de Exposición Permanente Teresa Carreño, mediante su extraordinaria habilidad para conseguir e incorporar a la colección cualquier objeto o escrito sobre la artista que se produjera en cualquier parte del mundo, como por ejemplo las copias de las partituras solicitadas a la Grand Biblioteque de París que ingresaron al archivo en 1997 o el ánfora original en las que vinieron las cenizas de Teresa Carreño a Venezuela en 1938.

La Sala de Exposición Permanente Teresa Carreño, ubicada en el teatro del mismo nombre, fue inaugurada el 2 de diciembre de 1988, durante la gestión de Pérez Bojas y con la colaboración económica de la Fundación Neumann, en un espacio especialmente acondicionado para ello, donde actualmente funciona la presidencia del Teatro. Para el montaje de la muestra se contó con la participación de Pedro Revetti y Carlos Rodríguez, mientras que la restauración de los trajes la realizó Paquita Parodi y la del resto de documentos el propio Arturo. Los textos del programa fueron responsabilidad del entonces periodista Carlos Paolillo.

En el recinto original, una sala rodeada de vitrales completamente acondicionada para la exposición, tal como lo estipulaba el contrato de comodato: que la Fundación se comprometía a destinar un local especialmente apropiado que ofreciera las condiciones propicias para la seguridad y mantenimiento de los materiales guardados y expuestos.

En ese espacio durante diecisiete años se realizaron diversas actividades para preservar la memoria de la insigne artista Teresa Carreño, tales como conciertos, charlas, bautizos de libros y discos. Entre las últimas actividades en este sentido recordamos el bautizo del disco Teresa Carreño de la pianista venezolana Clara Rodríguez. A principios del año 2006 la muestra es trasladada a un nuevo espacio, en el hall principal, al lado de la actual Librería del Sur.

Era muy común escucharle decir a El Chamo: “Desearían muchos teatros de gran prestigio en el mundo tener estos fondos tan importantes como esta maravilla de la gran pianista de fama universal”.


Al final de sus días Arturo González se convirtió en una referencia obligada a la hora de hablar de Teresa Carreño, como lo podemos observar en numerosos documentales. Ejemplos son las biografías de Globovisión, Vale TV y Universidad Nacional Abierta, entre otras; o las numerosas entrevistas y reportajes de prensa sobre la Sala o sobre Teresa. A pesar de eso el desconocimiento de su vida y obra es común en el venezolano.
Texto: Jesús Eloy Gutiérrez
Fotografías: Fondo Documental TTC y Luis Javier Jiménez.


martes, 1 de octubre de 2013

CHOCRÓN, Isaac (1930-2011)

El mago del Teatro
Nos acercamos todos los días y tenemos
que tener mucho cuidado de no trastabillar,
 porque podemos caer y morir
Isaac Chocrón, 2009

Se convirtió en uno de los intelectuales más respetados y admirados de la Venezuela de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Desarrolló una excepcional carrera como dramaturgo, una amplia labor docente, una reconocida fama como escritor y una incuestionable experiencia como gerente cultural. Nació en Maracay el 25 de septiembre de 1930 en el seno de una familia sefardita.
Estudió Literatura Comparada en la Universidad de Columbia. En esta universidad realizó el Master en Relaciones Internacionales, mientras  que en la Universidad de Manchester obtuvo el PHD en Desarrollo Económico y en la Universidad de Siracusa el título de Bachelor en Artes. Sin embargo, su profesión de economista la ejerció hasta 1960, para dedicarse plenamente a la labor intelectual.

Su creación literaria comenzó en 1956 con la novela Pasaje y la prosiguió con Se ruega no tocar la carne por razones de higiene (1971), Pájaro de mar por tierra (1973), Rómpase en caso de incendio (1975), 50 vacas gordas (1982), Toda una dama (1988), Pronombres personales (2002) y El vergel (2005).

Aunque su verdadera pasión fue el teatro, inspirado en teatro inglés contemporáneo. En 1959 Romeo Costea montó su primera obra dramatúrgica: Mónica y el florentino. Desde entonces sus creaciones teatrales se fueron incrementando y se mantienen en escena, así nos encontramos con, El quinto infierno (1961), Animales feroces (1963), Asia y el Lejano Oriente (1966), Tric Trac (1967), Okey (1969), La revolución (1971), La máxima felicidad (1975), Mesopotamia (1980), Simón (1983), Clipper (1967), Solimán el magnifico (1991), Escrito y sellado (1993),  Volpone y el alquimista (1996), Tap dance (1999), Tap dance y Los navegaos (2006). Según el propio autor él comenzó “la verdadera carrera con la segunda de sus obras, que es El Quinto Infierno”.


De su producción ensayística se cuentan El  nuevo teatro venezolano (1966) y Tendencias del teatro contemporáneo (1968), Color natural (1968), Maracaibo 180° (1978), Tres fechas claves del teatro venezolano (1979), Sueño y tragedia del Teatro norteamericano (1985), El teatro de Sam Shepard (1991). 
Se recuerda también su columna fija en el diario El Nacional, bajo el título de “Señales de tráfico”. En estos escritos versa sobre las más importantes corrientes estéticas en torno a la cual gira la dramaturgia de Occidente desde finales del siglo XIX hasta la actualidad.



Escribió el libreto para la ópera Doña Bárbara, música de la compositora norteamericana Caroline Lloyd (1966), cuyo preestreno se realizó en el Teatro Juares de Barquisimeto, luego en el Teatro Municipal de Valencia y el 22 de julio de 1967 en el Teatro Municipal de Caracas.
La preocupación de Chocrón por el teatro lo llevó a dedicar buena parte de su vida a la docencia, siendo profesor por tres décadas y director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela de la cual fue uno de sus fundadores y le dio forma a la mención Artes Escénicas. Además, fue creador de la Cátedra de Teatro Norteamericano y presidente fundador del Consejo Nacional de Teatro. 

Chocrón, junto a José Ignacio Cabrujas y Ramón Chalbaud son considerados la "Santísima Trinidad de las Artes Escénicas" en Venezuela. Los tres fundaron El Nuevo Grupo en 1967, compañía referencia del teatro venezolano, en el cual participaron también Samuel Dembo, Esther Bustamante, Miriam Dembo, Elías Pérez Borjas y John Lange. Según Carmen Márquez Montes, este proyecto realizó una labor “encomiable”, pues “ofreció una producción continuada y estable en la que sobresalía el apoyo y promoción a autores noveles venezolanos, así como a directores, escenográfos, técnicos y a todas aquellas personas que trabajaban de forma seria en el teatro”. De esta forma, en sus veintiún años de existencia, estrenaron obras de autores locales, hispanoamericanos, contemporáneos universales y clásicos, contribuyendo de esa manera a ”crear un público y por ende una crítica especializada”.

Fue galardonado con el Premio Nacional de Teatro en 1979; mientras que en el año 2000 la Universidad Central de Venezuela le rindió el homenaje “El Teatro de la vida o la vida para el teatro” que incluyó una serie de actividades. Dos años más tardes, esta casa de estudios le otorgó el título de Doctor Honoris Causa.
En cuanto a la Gerencia cultural, se tiene como primera referencia la Presidencia de la Asociación Venezolana de Profesionales del Teatro entre 1977 y 1979. Siguió en el apoyo brindado a la consolidación del Ateneo de Caracas, donde se montaron sus primeras piezas.

Fundador de la Compañía Nacional de Teatro, creada en 1984 con el objetivo de “apoyar la labor de los profesionales del teatro venezolano, así como “propiciar la  promoción y capacitación de los nuevos valores”. Además, su repertorio debía incluir “las mejores obras de teatro venezolano e internacional para disfrute del público de todo el país”.
Al designársele como director en este nuevo proyecto cultural, inmediatamente comenzó a estructurar la programación y a asegurar la infraestructura económica y laboral necesaria para el funcionamiento. Conformó un importante equipo de colaboradores y logró todos los recursos requeridos para el inicio escénico de la novel agrupación. Así, el 27 de febrero de 1985, la compañía realizó su primer estreno, una obra del propio Chocrón: Asia y el lejano Oriente, bajo la dirección de Román Chalbaud. Las reseñas hablan de 49 funciones y cerca de 14.000 espectadores. Cinco años más tardes, un anuncio en el programa de la obra Juan Tenorio se leía: ¡Arriba el telón! En una nueva etapa del teatro venezolano”. En efecto, ese eslogan se cumplió y su principal impulsor fue Chocrón.

Fue director General del Teatro Teresa Carreño en dos oportunidades, primero entre junio de 1991 y abril de 1992 y luego de noviembre de 1993 a marzo de 1995. En la segunda oportunidad asume la institución en un momento de crisis y se propone actuar de coordinador de las diversas áreas y gerencia del Teatro, sin embargo, el mismo lo advierte: “Mi objetivo (…) es ayudar a estructurar esta nueva gerencia para que todo lo que se presente en el Teatro sea de manera coordinada. Pero no soy ni el Mago de la Oz, ni el Papa”.

Casi dos años más tarde, estaba presentando su renuncia. El último espectáculo que se realizó durante su gestión fue Habana 30. Antología de la música cubana en la década de la nostalgia, montaje concebido por José Ignacio Cabrujas, Lucy Ferrero y Joaquín Riviera y en el que se reunió un destacado elenco de artistas y agrupaciones venezolanas, entre ellos la propia Ferrero, Cayito Aponte, José Grel, Canelita Medina, el Ballet Teresa Carreño y el Coro de Ópera del Teatro Teresa Carreño.

Su vinculación con el mundo de teatro traspasaba las fronteras de su producción dramatúrgica, sus clases o sus decisiones como gerente y promotor cultural, si visión del hecho escénico como algo más complejo e integral, tal vez le viene desde sus días de infancia, cuando compartió clases con Vicente Nebreda en la Escuela Experimental Venezuela.
Ambos personajes se reencontrarían tiempo más tarde en Nueva York y según Carlos Paolillo: “Juntos vivieron a plenitud la vorágine cultural neoyorquina, especialmente la vinculada con las artes de la escena: el teatro, la música, la danza, la ópera, las comedias musicales y el cine”. De este acercamiento quedó su apoyo a importantes proyectos dancísticos como el Ballet Internacional de Caracas o el Taller de Danza Contemporánea, como explica Paolillo en un artículo de prensa.


Falleció el 6 de noviembre de 2011, luego de una tenaz lucha contra el cáncer. Si bien no fue el mago para solucionar algunos de los problemas que aquejaban y aquejan a nuestras instituciones culturales, si lo fue en el mundo teatral, dramatúrgico específicamente, donde se sentía como pez en el agua. Su legado es imperecedero. Sus obras, montadas en diversos lugares del mundo, han engrandecido el nombre de Venezuela. Ese respecto y admiración que siempre dispensó en vida se mantendrá en el tiempo.




Textos: Jesús Eloy Gutiérrez, Octubre de 2013
Fotos e imágenes: Samnuel Dembo, Archivo Documental Teatro Teresa Carreño


viernes, 27 de septiembre de 2013

SOJO, Vicente Emilio (1887-1974)

Vicente Emilio Sojo y el nacionalismo musical

Venezuela ha sido un país prolifero en la producción de minerales, hierro, oro y uno de sus más grandes tesoros el petróleo. En estos últimos tiempos se le reconoce mundialmente por el Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles que posee, que con esfuerzo y tesón se ha forjado por más de tres décadas. 


Son pocas las personas que conocen la realidad de ese éxito, y ha sido gracias a la formación que se obtuvo desde  la Colonia con la creación de la Escuela de Chacao, desde su principal promotor Pedro Ramón Palacios y Sojo (Padre Sojo), de allí surgen personajes como Juan Manuel Olivares, Cayetano Carreño, José Ángel Lamas, Juan José Landaeta, entre otros, teniendo su ebullición a mediados del siglo XIX, en el que pensamientos románticos provenientes de Europa, penetraron en nuestra tierra, para permear a personajes como Felipe Larrazábal, Pedro Elías Gutiérrez, Ramón Delgado Palacios y José Ángel Montero, a quien se le conoce como el creador de la primera ópera venezolana. 

Además, en esta época se inaugura el Teatro Guzmán Blanco, 1881 (actualmente Teatro Municipal de Caracas) y la Academia Nacional de Bellas Artes (1887), siendo éste último el único lugar donde se impartían clases de música. 

Años más tarde, surge el movimiento musical nacionalista (mediados siglo XX) –la base de este es la promoción, difusión y creación de música folklórica y popular de la región, unificada con la música culta y académica- y con este, la Escuela Superior de Música “José Ángel Lamas” ubicada en Caracas. 

En esta escuela se formarían los más relevantes e influyentes músicos, la primera orquesta de Venezuela y la base para la proliferación de escuelas de música y la enseñanza musical existente hoy día en nuestro país. Uno de los más influyentes músicos de la época y el principal precursor de este llamado nacionalismo musical, fue Vicente Emilio Sojo. 

De una familia humilde, nació el 8 de diciembre de 1887 en Guatire, el maestro Sojo. Inició sus estudios musicales en su ciudad natal con Regulo Rico, quien entonces, era maestro de capilla de Guatire; de él recibió clases de teoría y solfeo y la base de la armonía y orquestación para banda. Formó parte de la sociedad Unión Filarmónica, que dirigía su maestro. 

En 1906 se residenció en Caracas y para 1909 ingresó al Conservatorio de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes de Caracas en la cual recibió clases con Andrés Delgado Pardo, importante pianista y director venezolano. A pesar de esto el mismo Sojo dijo en una oportunidad que su formación musical, fue “autodidacta”, gracias a los métodos de armonía y contrapunto de Hilarión Eslava.

Como compositor se inició en 1905, teniendo en su haber cinco piezas inéditas encontradas después de su muerte, en el archivo de Regulo Rico. Pero  su catálogo de obras data desde 1911 cuando dio a conocer un himno para un concurso en el que le fue otorgada una mención honorífica por su armonización. Años más tarde, compone Cuarteto en Re y Comedia Festiva, siendo el director musical de la obra que lleva el mismo nombre del cumanés, Domingo Martínez.


Al maestro Sojo, como aún se le recuerda, se le debe la creación y estabilización de importantes instituciones musicales en el país: la Escuela Nacional de Madrigalistas, el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela, que actualmente es la orquesta más antigua y con mayor prestigio en el país, reconocida como Patrimonio Artístico de la Nación, además de esto la creación de la cátedra de composición de la Escuela Superior de Música “José Ángel Lamas”, de donde diecinueve alumnos egresaron y conformaron la primera Escuela Nacionalista de Composición, entre ellos: Evencio Castellanos, quien años más tarde se hace cargo de la cátedra; Antonio Estévez, Inocente Carreño, Gonzalo Castellanos, Modesta Bor, y otros; una generación que se ha hecho escuchar en diversos rincones del planeta. 

La trascendencia de Sojo con relación al movimiento nacionalista se basa en la recopilación, armonización y transcripción de trescientas obras aproximadamente del acervo popular venezolano y folklórico; entre las cuales se destacan: canciones, aguinaldos, valses, tonadas, galerones, canciones de cuna, del género religioso, etc., que fueron suministradas por Ignacio Briceño, William Werner, Juan Bautista Plaza y Sergio Moreira.

Es de destacar que este último personaje es quien culmina con la labor iniciada por Sojo,  publicando en 1979 el Tercer Cuaderno de Aguinaldos Venezolanos, que había quedado sin editar de los manuscritos de María Moreira. Estas recopilaciones formaron parte del repertorio del Orfeón Lamas, de estos años, agrupación que entonces únicamente difundía la música venezolana, además de ser el primer coro mixto a capella del país. La primera presentación del orfeón se llevo a cabo el  15 de julio de 1930 en el Teatro Nacional de Caracas, bajo la batuta de Vicente Emilio Sojo, su fundador y director por los treinta años de vida que se mantuvo el  grupo coral. 

Ese mismo año de 1930, se inició la carrera por formar a un público para conciertos de música culta o académica, esto fue con la creación oficial de la Orquesta Sinfónica Venezuela, el 24 de junio de 1930, día en que ofreció su primer concierto en el Teatro Nacional de Caracas. Para 1922, Vicente Martucci crea la Sociedad Unión Filarmónica de Caracas, haciéndose cargo de ella un año después el maestro Sojo durante seis meses. 

Tal fue la proliferación de músicos de integraban la Unión Filarmónica, y con Martucci nuevamente como director, que se crean dos grupos orquestales de la misma sociedad: una grande dirigida por él y una pequeña dirigida por Sojo. En 1929 se disuelven, y el 15 de enero de 1930 se reúnen en la Escuela de Música y Declamación, para dejar constituida la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela, luego de su primer concierto, dirigidos por estos dos hombres de visión. 

La mayor preocupación de Vicente Emilio Sojo, quien presidió la OSV durante once años, fue lograr un subsidio para dicha orquesta con lo cual pudieran contratar a los ejecutantes para realizar mayor cantidad de conciertos. En diversas oportunidades el maestro y los músicos, donaban su sueldo para la realización de los conciertos. 

Finalmente en 1942, siendo Sojo director musical de la OSV, ocupando el cargo de presidente Enrique de los Ríos, el Ministerio de Educación le otorga a la sociedad seis mil bolívares por concierto. Seis años más tarde un millón de bolívares, lo que llevó a la estabilización y profesionalización definitiva de la Orquesta Sinfónica Venezuela. Un después Sojo renuncia a su cargo, al ver que su sueño se había cristalizado como una institución estable.

El maestro guatireño también se relacionó con la política, fue uno de los fundadores del partido Acción Democrática (1941), además cumplió labores como parlamentario en 1945 a la Asamblea Nacional Constituyente por Miranda y ejerció el cargo de Senador por el Estado Miranda, en los períodos presidenciales de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni.

Su versátil labor no solo se destacó en la docencia, creación de instituciones y la política, también se encuentran sus composiciones, en las que se desglosan: su obra religiosa, la profana y, las recopilaciones y armonizaciones base para el llamado “nacionalismo”. En la primera es donde el maestro se destacó y creó el estilo que lo define, dando a conocer obras como la Misa Coral, Misa Cromática y Misa Santa Cecilia, entre otras. En 1951 gana el Premio Nacional de Música, en reconocimiento a toda su trayectoria.

En Caracas, a la edad de 87 años, el 11 de agosto de 1974, murió el padre de la escuela nacionalista de música venezolana, sin duda el maestro de muchas generaciones: Vicente Emilio Sojo, dejando un gran legado: la sistematización y reforma de los estudios de música en Venezuela, la creación de la cátedra de composición; la promoción de la Escuela Madrigalista de Venezuela; fue el primero en rescatar, recopilar y armonizar un aproximado de 300 obras de la música popular y folklórica venezolana; fundador de la primera coral mixta a capella del país, el Orfeón Lamas y de la orquesta más antigua del país, la Orquesta Sinfónica Venezuela institución que hoy día florece internacionalmente.

Después de su muerte y como un homenaje al maestro, honrando su legado, se creó en 1978 el Instituto Latinoamericano de Investigaciones y Estudios Musicales Vicente Emilio Sojo, organismo que se encarga de los estudios de musicología e investigación musical en el país.

El Teatro Teresa Carreño y la Orquesta Sinfónica Venezuela, inauguraron en 1987 la Plaza Vicente Emilio Sojo, con un busto del maestro, obra del escultor guariqueño, Martín Leonardo Funes, ubicada contiguamente a la entrada principal del complejo cultural.  Sus restos reposan actualmente en una cripta  del Tempo parroquial de Guatire.

Texto: Fabiana Sans, 2009.
Fotografías: Centro Documental TTC, Miguel Gracia



lunes, 9 de agosto de 2010

Gracia, Miguel (1931-2008)


Desde la ciudad “Siempre Heroica e Inmortal” llegó a Venezuela Miguel Gracia, dejando uno de los archivos fotográficos más importantes del siglo XX en las artes escénicas de nuestro país.
Nacido en Zaragoza el 28 de agosto de 1931, llegó a tierras venezolanas para cambiar su oficio de joyero por lo que sería su vida: la fotografía. La primera experiencia en el área artística fue con la obra de teatro El Conserje, de Harold Pinter, en el Teatro Leoncio Martínez para el año 1966. A partir de ese momento inicia una amplia carrera dedicándose especialmente al teatro en Venezuela.
Trabajó para diversas compañías, dedicando un espacio importante a la Fundación Rajatabla, de quienes tiene un registró en un 95% de su recorrido por las tablas; según su director Francisco Alfaro, quien opinó de Gracia: “el era un hombre frontal, cuando había algo que no le gustaba lo decía, fuera la obra o la actuación.”
No solo reseñó el teatro, sino que dedicó una parte a plasmar personajes y momentos de la danza. Su primera fotografía en ese ámbito lo realizó con la representación de La Sílfides en 1969, con el Ballet Clásico Nina Novak. Sobre su relación con la danza comentó la coreógrafa Alice Dotta: “¡es tan difícil tomar buenas fotografías y que capten el momento y que puedan transmitir lo que quiere decir el coreógrafo! Pero eso lo logró Miguel…”
En su trayectoria se destacaron las fotografías en blanco y negro, teniendo en su haber más de 2.840 piezas teatrales retratadas y 1.042 de danza. Fue fotógrafo artístico del CONAC (Consejo Nacional de la Cultura) durante treinta años y del Teatro Teresa Carreño por quince años aproximadamente.
Sus fotografías han sido utilizadas en diversas publicaciones, entre ellas: Imágenes de la danza, Los 20 años de Rajatabla, El vuelo de la danza (inédito), Unos pasos por el teatro, 15 años de teatro en Caracas, siendo co-autor de estos dos últimos y autor de El teatro venezolano visto por Miguel Gracia, editado por el CELCIT (Centro Latinoamericano de Investigación y Creación Teatral) y con textos de Orlando Rodríguez, Asunción Blanco, Rodolfo Santana y Juan Carlos De Petre.
En este libro se desglosan tres períodos del autor en lo que a teatro se refiere y su importancia como “el único crítico teatral que no escribe, sino que toma fotos” (E.A. Moreno-Uribe). La primera parte (1966-1979) se refiere a catorce años de cambios y procesos de evolución en el teatro debido a las políticas económicas y sociales que representaban al país. Alternancia de dramaturgos europeos y nacionales, se crea el Teatro Documento, espectáculos juveniles que combinaban las distintas artes y el nacimiento de jóvenes actores. Además en este período nace la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y se realizó la primera edición del Festival Internacional de Teatro de Caracas.
La segunda parte se refiere a los años 1980-1989 en el que se afianza el desarrollo del teatro en nuestras fronteras. Se instauran grupos como el Nuevo Grupo, Grupo Actoral 80, Grupo Theja, Teatro del Contrajuego y nacen otro tanto. El Coronel no tiene quien le escriba y Casas muertas, fueron trasladados de la narrativa a las tablas. Continuaron los festivales tanto internacionales como nacionales; Isaac Chocrón y José Ignacio Cabrujas se consagran y crece el público y las salas para esta representación artística.
El último período (1990-2001) refleja (la publicación) el arribo de compañías del interior a la capital, el Festival de Teatro Penitenciario, la presencia de nuevos autores como Xiomara Moreno en la dramaturgia y Patricia Espinoza en lo que a obras infantiles se refiere, hasta llegar a la crisis en la que se devela la inexistencia de una generación de relevo en cuanto a nuevas puestas en escena y autores se refiere. Es pues una reconstrucción de la historia en narrativa de la imagen.
Su trabajo ha sido reconocido en diversas oportunidades. Entre estas premiaciones se destacan el Mérito al Trabajo en su primera (1990) y segunda (1999) clase; Premio Nacional del Libro, Mención Arte (2004); Premio Nacional de Fotografía (2004-2005) y la Licenciatura en Ciencias del Teatro de Arte por la Corporación Profesional de Derecho Público del Colegio Nacional de Licenciados en Teatro de Venezuela (2007).
Para este último año Miguel y su cámara inmortalizaron escenas de La celestina, de Fernando Rojas (puesta en escena de José Simón Escalona), en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, además de una serie de espectáculos dancísticos organizados por la Compañía Nacional de Danza, sin saber que estas serían sus últimas funciones.
La muerte lo sorprendió el 31 de diciembre de 2008, días antes de ser inaugurada la exposición “Miguel Gracia en Movimiento”, en la que se develo la historia de la danza en Venezuela en blanco y negro. Hoy su legado lo resguarda su esposa Pili; mientras que su hijo Javier demostrará las enseñanzas de su padre y así continuar el oficio que esté mantuvo durante cuarenta años.


Fabiana Sans Arcílagos 
Agosto  de 2010 
Fotos: 
Archivo Centro Documental Teatro Teresa Carreño
"El día que me quieras". José Ignacio Cabrujas. Director José Ignacio Cabrujas. Nuevo Grupo. Actores Jean Carlos Simancas y Luis Rivas. 1979. Foto Miguel Gracia. Portada
"La máquina Hamlet". Heiner Müller. Director Ugo Ulive. Producción Asociación Cultural Humboldt. Actríz Eurídica Amatia. 1987. Foto Miguel Gracia



viernes, 28 de agosto de 2009

Sandoval Jesús (1942-1977)


En una Venezuela donde todavía la pronunciación de la palabra Maracay significaba alusión al desaparecido Benémerito Juan Vicente Gómez, nació el 4 de diciembre de 1942 en la Ciudad Jardín, quien sería uno de los principales proyectistas del Complejo Cultural Teresa Carreño. Su nombre completo es Jesús Nicolás Sandoval Parra.


Sus estudios de primaria los realizó en los grupos escolares “Felipe Guevara Rojas”, “Armando Zuloaga Blanco” y “República de México”; la secundaria en el Liceo Agustín Codazzi. Todos en su ciudad natal. Además, realizó cursos especiales de artes plásticas y diseño mecánico.

Cuando una buena parte de la juventud venezolana se lanzaba a la lucha armada, bajo las premisas izquierdistas, Jesús había comenzado sus estudios universitarios de Ingeniería en la Universidad Central de Venezuela en el año 1961, los cuales no culminó, pues entre 1962 y 1963 decidió trasladarse a Estados Unidos para cursar estudios de Historia del Arte y Diseño en Queen’s College of New York. En 1964, de la Facultad de Ingeniería se cambió a la Facultad de Arquitectura de la UCV, de donde egresó como Arquitecto en 1970.

Para comienzo de la década de los años setenta, el país se consolidaba en la senda democrática y los altos precios del petróleo permitían a la clase política dirigente crear la infraestructura necesaria para cumplir con esos objetivos. En ese contexto, el gobierno de Rafael Caldera, aprueba la construcción de una sala de Conciertos para la Orquesta Sinfónica Venezuela, gracias a la gestiones de importantes músicos de esta agrupación que arribaba a sus cuarentas años de actividades. Se llamó a un concurso y en junio de 1971, el Centro Simón Bolívar le estaba otorgando el primer premio por el anteproyecto sobre la sala de conciertos, hoy Complejo Cultural Teresa Carreño.

Sandoval no estaba solo en este proyecto, lo acompañaban el arquitecto Tomás Lugo y el asesor Dietrich Kunckel, con quienes fundará la oficina Estudio 14 y proyectaran la edificación que se convertiría el templo de las artes escénicas de Los Caobos, de Caracas, de Venezuela y uno de los más modernos de Latinoamerica.

Se inició su construcción en la era de la llamada “Gran Venezuela” o “Venezuela Saudita”, momentos ilusorios de grandes planes de desarrollo, una agresiva política externa y de endeudamiento foráneo para sostener el gasto público.

El primero de los compañeros de Sandoval en el proyecto, es Tomás Lugo es arquitecto egresado de la Universidad Central de Venezuela, natural de San Tomé (Anzoátegui). Inició su aprendizaje en el campo laboral como asistente de arquitecto con el Profesor Fruto Vivas en los proyectos del Hotel de Ciudad Guayana y del Ateneo de Boconó. 
En 1967 se desempeñó como Profesor de Composición Arquitectónica en la Facultad de Arquitectura de la UCV. Para los días del concurso participó también en los diseños de varios proyectos con el grupo Morán y Siso & Shaw Asociados. Fundador de la oficina de arquitectura que lleva su nombre. Además su trabajo ha sido clave para la construcción de Parque Central, el diseño de los nuevos espacios del Museo de Arte Contemporáneo y la Casa de la Música.


Por su parte, Kunckel es natural de Berlín y para el momento del concurso era un arquitecto egresado de la Universidad de Aquisgran en 1965 y al momento de iniciarse la construcción se estrenaba como docente en el curso de Postgrado de Diseño Urbano del Instituto de Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, actividad que profundizó desde 1976, cuando comenzó como Profesor de Diseño y Estudios Urbanos en la Universidad Simón Bolívar. Al poco tiempo, revalidó su título de Arquitecto en la UCV y desde 1978 adquirió la nacionalidad venezolana.

Sandoval, un año después del concurso para la sala de concierto, resultó ganador de un concurso de oposición para ejercer el cargo de Profesor de la Cátedra de Diseño en la Facultad de Arquitectura de la UCV, en el cual permaneció hasta el momento de su muerte, el 9 de abril de 1977. A nivel académico colaboró con las revistas italianas Interni y Habitare, así como investigaciones sobre diseño industrial e investigación sobre procesos contractivos en Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda y Portugal.

También se desempeñó como Jefe y Diseñador de la firma Diseño Actual Los Ruices, asesor de la firma Inversiones Alcamara C. A. y funciones de arquitecto en la Constructora Hersa C. A., Polamar. Contrajo matrimonio con Marlene Arcia, de cuya unión nacieron Natalia y Claudia.

Al momento se su partida había participado en el diseño de hoteles, moteles, colegios, urbanizaciones, viviendas unifamiliares y multifamiliares en los estados Nueva Esparta, Aragua y Miranda. Entre ellos el concurso para las edificaciones de la Corporación de Oriente.

Sandoval es uno de esos personajes enigmáticos de la historia cultural de la Venezuela del siglo XX. Quedará a los investigadores y a los venezolanos valorar su aporte en nuestra sociedad.

Jesús Eloy Gutiérrez, septiembre de 2009
Fotos:
Archivo Centro Documental Teatro Teresa Carreño
Archivo Universidad Central de Venezuela
Archivo Orquesta Sinfónica de Venezuela