viernes, 20 de febrero de 2009

Soto, Jesús Rafael (1923-2005)


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Jesús Soto, música y movimiento

El año 1983 se celebró el bicentenario del Libertador Simón Bolívar, y dos grandes obras se impusieron en la vida del venezolano la inauguración del Metro de Caracas y la imponente obra que abrió su telón por primera vez el 19 de abril de 1983, el Teatro Teresa Carreño. Este telón reflejaba una gran escritura del principal artista plástico de Venezuela de final del siglo XX y comienzos XXI, Jesús Rafael Soto, personaje de reconocida fama mundial.

Proveniente de una familia humilde, nació el 5 de junio de 1923. Inició su carrera en Ciudad Bolívar (su cuidad natal), pintando carteles para el cine. En 1942 cursó sus estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Caracas, gracias a una beca que le habían otorgado el gobierno de su ciudad natal, avalado por el obispo de esa ciudad. Su interés era más a lo constructivo que hacia otras tendencias. Criticó el hecho de repetir lo que ya grandes maestros habían realizado, pues mantuvo siempre el arte como creación propia.

Con el título de profesor en Educación Artística, viaja a Maracaibo. En esta ciudad emprendió la tarea como profesor y director de la Escuela de Bellas Artes Julio Árraga, muchos de los profesores fueron detractores de sus ideas con respecto al arte moderno, pero otros, especialmente Lya Bermudéz, lo acompañaron en ese interés por las nuevas tendencias.

En 1950 viaja a París, allí emprendió el rumbo de su carrera artística. Sin una base económica, en un país desconocido y la investigación como base fundamental para la realización de su creación artística, basados en los trabajos de Mondrian, Calder, Arp, Malevitch, se mantiene durante doce años de su pasión: la música: ¡Quien me iba a decir que la guitarra, mi violín de Ingres, mi arte menor, iba a ser el sustento de mi arte mayor! Aprendió desde adolescente a ejecutar la guitarra. En las noches parisinas se dedicaba a cantar y tocar su instrumento, mientras que de día buscaba nuevas formas, relacionado al movimiento-espacio-tiempo, acabar con la bidimensionalidad en la pintura. Allí conoció a Angel Hurtado, Paco Ibáñez, Carlos Cáceres y Alirio Díaz; además recibió clases de guitarra con Alexander Lagoya, famoso guitarrista clásico que desarrollo un nuevo método para el posicionamiento de las manos, específicamente utilizar el lado derecho de la uña en lugar del izquierdo, esto a su juicio ayudaba a proyectar mejor el sonido del instrumento.

Su relación con la música estuvo compenetrada a su creación. Soto estudio el lenguaje de la música serial y lo aplicó en las artes plásticas, pues decide “aplicar esa noción de lo permutable a un elemento esencialmente pictórico: el color”. Y así lo realizó en sus primeras creaciones, logrando introducir la vibración en su obra, todo realizado por el efecto óptico del espectador, utilizando el cuadrado, la línea y el punto como creación propia del hombre. Pero es en 1955 cuando el maestro logra “mover” la imagen, sin la intervención de un motor mecánico. En esta época nace el “Espiral”, presentado en la exposición organizada en la Galería Denise Rene, en Francia, y con él, el Arte Cinético.

Esta obra está compuesta por dos planos, uno transparente y otro opaco en una superposición de 25 centímetros cada uno, el espectador al desplazarse, hace y deshace los espirales. Las bases del nuevo arte son la repetición, serialidad, reverberación, desmaterialización de la luz y la vibración óptica, todo esto unificando siempre a la obra de arte con el espectador.

Unos años más tarde, en 1957 y agotadas sus “Series repeticiones, progresiones, pinturas seriales y espirales”, inició una nueva investigación para el progreso de su arte y es la utilización del metal como recurso principal en su obra, con ella creó la vibración, la sonoridad, la transformación de la materia rígida en elástica; esta es la serie de las “Tes”, las “Ambivalencias” y como punto culminante las “Escrituras”, que Soto las compara con el contrapunto de Bach como creador de estructuras que constan de un elemento relativamente estático y de otro dinámico… que juega libremente en todas direcciones.

Todo el proceso en la búsqueda de la compenetración del hombre con la obra de arte llegó a su máxima expresión en 1969, con la creación de los “Penetrables”. En ellos el artista creó un lenguaje integral en el que el espectador es también motor de la obra. Existen penetrables táctiles y auditivos, demostrando que la materia, el tiempo y espacio son indivisibles, y que el hombre existe en un espacio que no es vació, le da base con su densidad.

Sus obras han sido expuestas en diversos museos y galerías como el Guggenheim de Nueva York, Galería Nacional Jeu de Paume de París, Museo de Bellas Artes de Caracas, Museo de Bellas Artes de Bruselas, Musée d'Art Contemporain de Montréal de Canadá, Universal Graphic Museum en Giza-Egipto, Ho-Am Art Museum en Seúl, etc. Además, participó en la Bienal de Venecia, realizada durante el año 1966.

En Venezuela, específicamente Ciudad Bolívar, se creó el Museo de Arte Moderno “Jesús Soto”, que nació por deseo del artista para promover las artes en esa ciudad al que donó una serie de obras invaluables de su propia colección. Este museo fue concebido por Carlos Raúl Villanueva e inaugurado el 25 de agosto de 1973 por el Presidente de la República Rafael Caldera y Jesús Soto. Cuenta con obras del artista y otras de Carlos Cruz-Diez, Pedro Barreto, Victor Valera, Josef Albers, Sergio Camargo, Jean Arp, Julio Le Parc, Calder, entre otras.

Cinco obras del maestro Soto forman parte del Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño, Cubos virtuales blancos sobre proyección amarilla ubicada en el techo de la Sala Ríos Reyna; Cubos vibrantes sobre progresión blanca y negra, obra que para la inauguración de complejo se encontraba en lo que se denomina la piscina, pero por cambios realizados en la estructura, actualmente permanece en la entrada del estacionamiento del complejo; Pirámides vibrantes forman parte del techo de la Sala José Félix Ribas; Telón Escritura negra sobre fondo blanco y telón cortafuego o Teaser, se ubican en el escenario de la Sala Ríos Reyna.

Otras instituciones y lugares públicos en el país cuentan con obras del maestro Soto el Banco Central de Venezuela, la Autopista Francisco Fajardo, la Avenida Jóvito Villaba de Margarita, el Museo de Arte Contemporáneo y la estación Chacaito del Metro de Caracas, etc. Fue premiado en Francia como Caballero de la Artes y las Letras, por la UNESCO con la Medalla Picasso, con el Premio Nacional de Artes Plásticas, entre otros.

A pesar de su éxito como artista plástico Jesús Soto mantuvo su dedicación a la música. En ese sentido realizó en París la grabación de varios discos con Paco Ibañez. De los años setenta se conserva el bambuco Fuego Lento. La agrupación venezolana Serenata Guayanesa lo incluyó en varios LP. En 1976 se anunció un concierto en el que acompañaría a Alfredo Sadel, pero creemos no llegó a concretarse. Para 1988 y 1992 grabó un Lp y un Cd con Rodrigo Riera.

El 14 de enero de 2005 falleció en París el maestro Jesús Soto, dejando un legado universal. Niños, jóvenes, adultos y ancianos disfrutan por igual sus obras. Logró integrar el tiempo y el espacio, ritmo y vibración, que juntos con el espectador crean la obra. El arte cinético es un realismo. Un realismo en estado sublime.
Fabiana Sans Arcílagos
Enero 2009
Fotos: Miguel Gracia
Archivo Centro Documental Teatro Teresa Carreño