viernes, 3 de octubre de 2008

Cabrujas, José Ignacio (1937-1995)

La "conciencia de Venezuela"

Un personaje polifacético reúne en sí infinidad de facetas o aptitudes. Lo complejo es sobresalir en cada una de ellas y dejar una huella para el regocijo de la humanidad. Cabrujas desarrolló labores de dramaturgo, director de teatro, actor, cronista, escritor de telenovelas, libretista de novelas de radio, ensayista, guionista cinematográfico, moderador de programas de radio, humanista, profesor universitario y diseñador de campañas políticas. Todas estas actividades en un solo personaje nos hablan de vasta cultura, la cual en su caso se aderezaba con agudo ingenio demostrado en todas sus creaciones.

El 17 de julio de 1937, en los días de la “transición” del gobierno de López Contreras, nació en la parroquia caraqueña de Catia, este personaje que casi sesenta años más tarde era considerado como uno de los intelectuales más importantes de la Venezuela veintiochesca. Sus padres fueron José Ramón Cabrujas y Matilde Lofiego, una familia humilde.


Luego de culminar la secundaria en el liceo Fermín Toro, ingresó a la Universidad Central de Venezuela para cursar estudios de derecho, los cuales abandonó para dedicarse al mundo de la escena en los predios del teatro universitario que entonces dirigía Nicolás Curiel.

En 1959, debutó como actor con el personaje Esref en Leyenda de amor de Nazim Hikmet. Su práctica actoral la continúo ese mismo año, cuando asumió el papel de Cesáreo en Noche de Reyes de William Shakespeare y León Felipe. Al año siguiente, actuó en las obras Pozo Negro, El sombrero de paja de Italia y en La ópera de tres centavos. Y cinco años más tarde, en la película Los ángeles terribles, siendo galardonado con el Premio al Mejor Actor.

En estas circunstancias, se cuenta su incorporación al Grupo Piccolo Teatro di Milano (1961). Se recordará también su actuación junto a Rafael Briceño en La revolución, de Isaac Chocrón, siendo nominado en esta ocasión al Premio de la Asociación de Críticos de Nueva York; en Ricardo III de Shakespeare, que le mereció el Premio Juana Sujo; La máxima felicidad de Chocrón, y en Prueba de fuego de Ugo Ulive, en la cual actuó junto a Omar Gonzalo.

Su experiencia con el Teatro Universitario lo inclinó hacia la actividad dramatúrgica, la cual inauguró con Juan Francisco León, pieza en la que indagó sobre la historia y la idiosincrasia venezolana a partir del personaje colonial Juan Francisco de Léon.

Desde entonces, en palabras de Edgar. A. Moreno-Uribe: “presenta el pasado como ejemplo del presente o como explicación del mismo”. En este orden de ideas, se ubican Los insurgentes (1961), que describe la historia de la llegada del general Bermúdez a Caracas; En nombre del Rey (1963), en la cual se presenta como el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada trató de implementar la cultura europea en el Nuevo Mundo; La noche oriental (1982), recreación de los días de “El Nuevo Ideal Nacional”; Días de poder (1967), y El americano ilustrado (1987), donde crítica a la figura presidencial y el clientelismo que lo rodea.

Otras piezas de un corte más popular y menos alejada del tema histórico son: El extraño viaje de Simón el malo (1961); Tradicional hospitalidad (1963); Fiésole (1967); Profundo (1971), Acto cultural (1976), El día que me quieras (1979); Reverón, retrato de artista con barba y pumpá (1989) y Sonny/Diferencias sobre Otelo, el Moro de Venecia (1995). Algunas de estas obras fueron llevadas al cine: Profundo con guión y actuación suya, dirigida por Antonio Llerandi; Una noche oriental con dirección de Miguel Curiel, y El día que me quieras, filmada en Colombia.

Con Isaac Chocrón y Román Chalbaud, la “Santísima Trinidad” según Lorenzo Batallán, fundó El Nuevo Grupo, en el cual se congregaron aquellos productores, actores y técnicos que pretendían asegurar el desarrollo independiente de su creación dramatúrgica. En palabras del profesor Leonardo Azparren: “El Nuevo Grupo fue ecléctico, sin patrones estéticos predeterminados. Irrumpió con un teatro inspirado en criterios de calidad dramática, actoral y de puesta en escena, más que experimento banal. Sus directores realizaron puestas en escenas que son referencias permanentes del desarrollo artístico del teatro venezolano.”

Desde la Sala Juana Sojo El Nuevo Grupo entre 1967 y 1988 puso en práctica: “una alternativa que enriqueció el texto dramático y la representación venezolanos, con el predominio del eje autor-director-actor.”, según nos lo refiere Azparren.

Muchos directores actuales deberían desempolvar el ejemplo de esta agrupación y tratar de superarlos o emularlos. De esa manera, nos ahorraríamos todos aquellos años de experimento y reflexión sobre el teatro realizado entonces.

Otra opinión que merece ser rescatada sobre esta faceta de Cabrujas, es la de Chocrón, quien en el prólogo a las obras editadas por Monte Ávila Editores, se refirió a él en estos términos: “Lo primero que se debe decir de José Ignacio Cabrujas es que era el talento más versátil de todo el teatro venezolano actual. Dramaturgo, director, actor, sobresaliendo en cada una de estas especialidades hasta el punto en que resulta controversial jerarquizárselas. Cabrujas brilla en todas porque al igual que los grandes teatreros de la historia, encauza su descomunal talento, su curiosidad intelectual y su entusiasmo para trabajar, en la dirección que se proponga. Al son que le toquen, baila, pero baila también al son que él quiera tocar.”

Cabrujas escribió numerosos ensayos, publicados regularmente en los periódicos El Nacional y El Diario de Caracas, en los cuales expresaba su parecer sobre temas como la corrupción, la soberanía, la identidad nacional, y la libertad de expresión, entre otras. Muchos de esos escritos están llenos de sátira política. En el último de los citados diarios su columna semanalmente se titulaba "El país según Cabrujas". Pero es que desde 1974 se le conoce en estos menesteres, cuando, bajo el seudónimo de Sebastián Montes, comenzó a escribir sus crónicas en el semanario Punto en domingo, que dirigía Manuel Caballero y Luis Bayardo Sardi. El mismo seudónimo con el cual firmaría también en los primeros números de El sádico ilustrado que circuló cuatro años más tarde.

El sociólogo Tulio Hernández, unos años después, hizo una síntesis de esas temáticas trabajadas por nuestro personaje: “el compromiso nulo de las élites económicas con el destino del país, la amnesia colectiva que nos envuelve, el sentido transitorio de todo lo que hacemos, la cultura del saqueo como ética productiva, la incapacidad para mirar la realidad tal como es, y no nos gustaría que fuera, la recurrencia de la fascinación por el líder a caballo…”

De todos estos aspectos, Hernández destaca, éste último como “una de sus más persistentes obsesiones” de Cabrujas: “la idea del Estado mágico, del Estado como un brujo magnánimo dotado de poder para reemplazar la realidad por ficciones fabulosas apuntadas por la riqueza petrolera.” Del sueño de la “Gran Venezuela” y la crisis que generó éste en la sociedad pasamos al sueño del Socialismo del Siglo XXI. ¿Cuándo vamos a aprender?

Reconocido por haber transformado el género de la telenovela en Latinoamérica, fue autor de los guiones de las obras más conocidas internacionalmente en este género. Junto con Salvador Garmendia, Pilar Romero e Ibsen Martínez, entre otros, abrió paso a lo que se va en llamar "telenovela cultural"', tales como La señora de Cárdenas, Silvia Rivas, divorciada, La fiera, Gómez I y II, La dama de rosa, La Dueña, Señora, Nathalia de 8 a 9, Soltera y sin Compromiso, Chao Cristina, La Hija de Juana Crespo, Las Dos Dianas, María, Divina Obsesión, El Paseo de la Gracia de Dios y Emperatriz.

En el cine fue guionista de El Pez que Fuma, Crónicas del asombro, Sagrado y Obsceno, La quema de Judas y Amaneció de golpe.En 1971, se estrenó la obra teatral Profundo, que a juicio del crítico Rubén Monasterios "tiene lo mejor del Cabrujas dramaturgo: el misterio, la ambigüedad y el sarcasmo".

Como director hay que destacar El acompañante y La máxima felicidad, de Chocrón, de las cuales también actuó en la segunda de ellas; pero su labor más importante en esta faceta es la que desarrolla en el Teatro Paraíso, reabierto en 1992 gracias a su contribución. En este escenario dirigió El pez que fuma, La casa de Bernarda Alba y Sonny, su último montaje.

Otras actividades desarrolladas por Cabrujas fueron la de productor, director y narrador del programa “Ópera dominical”, en la Radio Nacional de Venezuela; creador del Teatro de Artes de Caracas; docente de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y del Instituto de Creatividad y Comunicación, donde dictó cursos sobre guión de telenovelas; director de la Escuela de Teatro adscrita al Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA, 1972); presidente del Taller de Ópera de Caracas, con el que dirigió las producciones Elixir de amor, Sonámbula, Don Giovanni, Orfeo y Eurídice, y Don Pascuale.

Con esta última ópera se despidió Cabrujas del Teresa Carreño como director de escena. La misma se llevó a cabo el 16, 18 y 20 de junio de 1989, con la Orquesta Sinfónica Venezuela, bajo la dirección de Rodolfo Saglimbeni y el Coro de la Fundación conducido por Mariantonia Palacios. Además, la escenografía de Miguel Ángel Corzo, el vestuario de Eva Ivanyi y la iluminación de Fernando Calzadilla, contó con un excelente reparto integrado por Cayito Aponte que hizo “Don Pascuale”, Florentina Adams en el papel de “Norina”, Víctor López personificó a “Ernesto”, William Alvarado al “Dr. Malatesta” y José Vaisman actuó como “El notario”.

En el Teresa Carreño también se recuerda con bastante beneplácito el debut de Tosca de Giacomo Puccini en mayo de 1986, bajo su dirección escénica. En esta ocasión la música estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, el Coro de la Fundación Teresa Carreño y el Coro de Niños del Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, dirigidos por Carlos Riazuelo y Mariantonia Palacios, respectivamente. Este montaje se repuso en octubre de ese mismo año.

Es pertinente detenerse en la relación de Cabrujas con esta ópera, pues según una reseña de prensa del año 1986, era su favorita, desde que vio el montaje de Primo Casale en el Poliedro de Caracas en el año 1956. Al respecto Chefi Borzacchini, quien lo entrevistaba en aquella oportunidad, decía: “La convirtió en su ópera favorita y como loco comenzó a comprar todas las versiones hechas en el mundo. Tiene hoy en día nada menos que 26 versiones, solamente en discos, y otras tantas en cassettes.” A lo que el agregaba: “Me jacto de tener toda la discografía de Tosca.”


“Cabrujas” o simplemente “José Ignacio” para sus amigos, una voz que está presente en sus personajes, como “Pío Miranda”; una voz sobre cuyos argumentos hay que reflexionar; una de esas figuras venezolanas que con su obra trascendieron las fronteras del país, pero que todavía espera el justo reconocimiento de su legado intelectual por la sociedad actual. 

Apenas unas voces han producido ruido en ese sentido: en el 2007 la Fundación para la Cultura Urbana y la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, dirigida por Tulio Hernández, ofrecieron el seminario “Cabrujas: las múltiples facetas de un creador”, homenaje con motivo del aniversario de su muerte. En el cual se escucharon las ponencias de Yoyiana Ahumada, Pablo Antillano, Manuel Bermúdez, Isaac Chocrón, Rodolfo Izaguirre, Isabel Palacios, Teodoro Petkoff e Ildemaro Torres.


Por su parte, recientemente la Alcaldía de Chacao, a través de la Fundación Cultural Chacao, inauguró una sala con el nombre José Ignacio Cabrujas, ubicada en el Centro Comercial el Parque de la tercera transversal de Los Palos Grandes, en la cual hemos tenido la oportunidad de apreciar buen teatro.


Aunque murió al sufrir un infarto mientras nadaba en una piscina en Porlamar, el 21 de octubre de 1995, su voz se escucha en los rincones de Venezuela, cuando se trata de pensar el país. Nos recuerda nuestros matices cómo sociedad, nuestros miedos, fortalezas y vicios.

¡Lástima que quienes diseñan y ejecutan la política cultural del Estado venezolano no tomen en cuenta los planteamientos que realizó en su tiempo Cabrujas
!


Jesús Eloy Gutiérrez
Septiembre de 2008

Fotos e imágenes: Archivo Centro Documental del Teatro Teresa Carreño